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Religión, psicología y crítica socio-política en Daredevil Born Again.

Por José Antonio González Espada.

1 . Introducción. Cosas que decir sobre Born Again.

Al hablar de Born Again se hace referencia a los números 227 a 233 de la serie de cómics marveliana Daredevil, publicados por primera vez en 1986 (entre febrero y agosto) en Estados Unidos; estos números, dado que constituían una saga perfectamente compacta e independiente del resto de la colección, fueron reeditados y recopilados en 1987 (también en Estados Unidos) bajo el título genérico de Born Again (que, a su vez, es el título del cuarto capítulo de la saga, el capítulo central, publicado originariamente en el número 230 de Daredevil). De esta recopilación titulada Born again existe una edición española, publicada en 1991 por Planeta-De Agostini (número 1 de la colección Obras Maestras) (1).

Los nueve capítulos de que se compone Born again están guionizados por un excelente Frank Miller y dibujados por un sublime David Mazzucchelli. Y quisiera remarcar, antes de comenzar, que creo que tanto la aportación del talento artístico de David Mazzucchelli como la íntima colaboración entre éste y Frank Miller han sido condiciones sine qua non para que el resultado final de Born again sea el que es: magistral. Estoy convencido de que la parte literaria se nutrió decisivamente de ideas de Mazzucchelli, mientras que la parte gráfica está preñada de ideas de Miller. Así pues, no puede hablarse de Born again únicamente como de una obra de Miller: sería profundamente injusto dejar en un segundo plano a Mazzucchelli.

Después de situarnos, sólo queda el análisis de la obra propiamente dicho. Lo haré analizando los tres aspectos que creo fundamentales para interpretar correctamente la obra: el aspecto religioso, el aspecto psicológico, y el aspecto de crítica de la sociedad y de la política americanas.

2.- El aspecto religioso: Jesucristo muere y resucita en Nueva York.

En la edición de Born again realizada por Planeta-De Agostini en 1991 se incluye un interesantísimo artículo de Lorenzo Díaz (titulado "Born again: la pasión según Miller") que interpreta el argumento de la historia desgranando, uno tras otro, los abundantes símiles bíblicos con que Miller y Mazzucchelli nos comparan la "muerte" y posterior "resurrección" de Matt Murdock con la muerte y la resurrección de Jesucristo.

Según la lúcida interpretación de Lorenzo Díaz, la pasión de este moderno Jesús de Nazareth empieza en la misma primera página, con la traición de Judas: Karen Page, la antigua novia y secretaria de Murdock, ahora heroinómana y ex-actriz de cine pornográfico, vende la identidad secreta de Daredevil a un mafioso por una dosis de heroína. A partir de aquí, Matt Murdock vive su pasión, orquestada por un vengativo Kingpin que no sólo pretende matar a su enemigo, sino también corromperlo, hundirlo en lo más bajo. Por ello Matt Murdock lo pierde todo: queda arruinado, un juez le priva de la licencia para ejercer de abogado, pierde su hogar, a su novia y a sus amigos y, finalmente, su cordura. Murdock se vuelve loco. Finalmente, Kingpin le derrota y un matón le acaba apuñalando en la calle (la definitiva crucifixión), lo que acaba de "matarle" figuradamente. La escena final de esta pasión y esta muerte es la preciosa imagen de la moderna "Piedad" de Miguel Angel con que nos obsequia Mazzucchelli, donde la virgen María es la madre de Matt (metida a monja) y Jesús muerto es un Matt sucio y destrozado.

Después de la "crucifixión", Murdock "resucita". Lorenzo Díaz destaca la composición de la primera página del episodio que lleva por título "Born again" (el cuarto capítulo de la historia); en palabras del propio Lorenzo Díaz, la escena "nos muestra un Murdock relajado, tranquilo, con el aspecto y postura de un Cristo recién bajado de la cruz, una cruz insinuada en la composición gráfica de la página" con la maestría que caracteriza a David Mazzucchelli. Pero en este mismo episodio, sigue diciendo Lorenzo Díaz, no sólo resucita Matt, sino que también "vuelven a nacer" Karen Page (que halla el camino de su redención gracias a Foggy Nelson, el ex-socio de Matt) y Ben Urich (que se reafirma en su decisión de ayudar a Matt después de negarle tres veces, igual que San Pedro).

Hasta aquí la brillante lectura religiosa de Born again según Lorenzo Díaz. Aunque esta lectura no pretende profundizar en el mensaje que Miller nos quiere transmitir con ello; me gustaría, pues, hacer algún que otro comentario al respecto. Me atrevería a decir que Miller deja ver una visión de la religión muy concreta. Creo que, según Miller, la espiritualidad de una persona cristiana debe proporcionarle, de un lado, la paz espiritual suficiente para perdonar y amar incluso a los enemigos (como hace Matt perdonando la terrible traición de Karen), y, de otro lado, la fuerza (espiritual) necesaria para enfrentarse a los mayores retos (como la nueva vida que debe iniciar Matt, o los peligros que debe afrontar Ben Urich después de desempolvarse el miedo a pronunciar el nombre de Matt Murdock); pero esta espiritualidad se adquiere con toda su profundidad si previamente se ha bajado a los infiernos (como han hecho Matt Murdock, Karen Page y Ben Urich). Vaya, que la paz espiritual para afrontar los obstáculos de la vida se conquistará con toda su profundidad y en todo su apogeo si antes se han vivido los peores sufrimientos (es decir, si precisamente a través del sufrimiento, de la no-paz, la paz es conquistada); y que la paz espiritual necesaria para amar incluso a los enemigos y perdonar todas las traiciones y ofensas (uno de los aspectos más radicales de la filosofía predicada por Jesús de Nazareth) adquirirá igualmente toda su profundidad si se alcanza después de recibir en la propia espalda las peores puñaladas. Todo esto es lo que han descubierto Matt Murdock, Karen Page y Ben Urich.

Nos encontramos en Born again, pues, con una interpretación de la religión como hecho espiritual, íntimo, definitorio del cristiano como individuo; al contrario de lo que Miller nos cuenta sobre la religión en otra de sus obras maestras, Batman: the Dark Knight returns. En Dark Knight..., aunque de manera menos explícita que en Born again, también se nos habla de religión, y también se nos reinterpreta la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo: en Dark Knight... Jesús es Batman (en lugar de Matt Murdock), Judas es Superman (en lugar de Karen Page) y San Pedro es Robin (en lugar de Ben Urich). Pero en Dark Knight... el objetivo del mesías no es, como en Born again, la paz espiritual (para él y para los que le rodean), sino la justicia social: en una sociedad dominada por la corrupción, la hipocresía, la violencia y la delincuencia, Batman viene para llevar al conjunto de los hombres y mujeres al buen camino. Y al final, cuando es traicionado y "crucificado" (en el combate final contra Superman, el héroe que traicionó a los héroes vendiéndose al sistema), su espíritu y su mensaje inspiran a un grupo de jóvenes (la Iglesia, cuyo primer miembro es Robin, al igual que San Pedro) a seguir luchando por llevar a la sociedad la luz de su maestro. En definitiva: mientras que en Born again Miller pone el acento en la íntima espiritualidad, en Dark Knight... lo pone en los principios que deben llevar a los cristianos a luchar por un mundo mejor y más justo; dicho de otra manera, en Born again se nos habla de religión aplicada al individuo (moral individual), y en el Dark Knight... de religión aplicada a la sociedad (política entendida como ética de lo colectivo).

3.-El aspecto psicológico: seres humanos al límite.

Born again, además de una metáfora sobre la religión y sobre la pasión de Jesucristo, es toda una exploración de las complejidades de la psicología del ser humano. Para ello, Miller lleva a sus personajes al límite del sufrimiento ("pasión" y "muerte") y les hace volver ("resucitar"), analizando la situación mental de estos personajes durante el proceso. Este análisis psicológico lo realiza, especialmente, en los cuatro protagonistas principales: los tres "buenos", que "mueren" y "resucitan" (Matt Murdock, Karen Page y Ben Urich), y el "malo" (Kingpin), que, pese a seguir una evolución diferente (Kingpin no "muere" ni "resucita", como los otros tres), también vive importantes cambios que le ponen a prueba.

Matt Murdock es el personaje que vive el cambio más radical y que más de lleno entra en el mundo de la paranoia. Ya en el primer episodio vemos que Matt lo pierde todo: desde su licencia para ejercer la abogacía hasta la casa en que vive. Mientras esto va teniendo lugar, se producen los primeros desequilibrios en la psique de Matt; estos desequilibrios culminan, desde el final del primer episodio, en la pura paranoia, en la manía persecutoria, en la obsesión enfermiza. Matt Murdock acaba de descender al infierno de la demencia.

Así será como, obsesionado por obligar a Kingpin (a puñetazo limpio) a que le devuelva la vida que le ha robado, Kingpin derrotará a Matt: Matt aún no comprende que los puñetazos no le devolverán su vida, que únicamente la paz espiritual puede devolvérsela. Esta paz la encuentra, como no dejo de indicar, en su "resurrección", "resurrección" que halla gracias al amor y los cuidados de su madre. Ahora bien, no sólo este amor maternal ha sido lo que le ha permitido "resucitar": la "resurrección" habría sido imposible sin un pensamiento que no abandonó su cabeza ni siquiera en sus momentos más dementes. Esta pensamiento es el del espíritu de lucha, el "no te rindas nunca" que aprendió de su padre, su fe incondicional (¿fe religiosa en el padre que no le abandonará en la cruz?). Este luchador que lleva dentro (gracias a los consejos de su padre) es lo que le impide rendirse en sus momentos más bajos, así como el cimiento de la nueva vida que inaugura su "resurrección".

Karen Page, por su lado, viaja a otro tipo de infierno, y será salvada de manera diferente. En la historia de Karen Page, Miller y Mazzucchelli saben explicarnos con sabiduría cómo, pese a ser una joven guapa y atractiva, Karen llega a la más honda decadencia humana (una decadencia marcada incluso en su propio rostro), y cómo sufre por ello hasta que encuentra, tras una tortuosa búsqueda, su perdón. De este modo, su patología psicológica es de un calibre diverso del de Matt: así como el infierno de Matt es la pérdida de su vida, el infierno de Karen es su terrible sentimiento de culpa por su traición (traición a la que es forzada a causa de la decadencia en que vive: el mundo de la pornografía, la droga y la delincuencia); así como la obsesión de Matt dentro del infierno era obligar a Kingpin a que le devolviera su vida, la obsesión de Karen es encontrar a Matt para que la perdone y la redima de sus pecados; y, así como la salvación de Matt llega de manos de su madre y de su fe, la salvación de Karen es el amor redentor de Matt. Ella no sólo le busca para que la proteja de sus perseguidores: en realidad, busca desesperadamente a Matt porque es el único que puede redimirla. Sin embargo, cuando finalmente se reencuentra con Matt y éste (ya "resucitado") le perdona su traición, a Karen le sorprende la facilidad con la que consigue su redención. El Matt Murdock ya renacido le dice, simplemente, que no le ha quitado nada, y le abre de par en par las puertas de su nueva vida.

Ben Urich también vive su propia odisea; y la vive en nombre de la amistad que le une a Matt Murdock. Ben es un periodista responsable y muy profesional; pero cuando Matt Murdock es acusado de varios delitos Ben no puede creérselo. Piensa que Matt Murdock es un hombre bueno y un honrado abogado, incapaz de tales delitos. El comportamiento de Ben, aunque encomiable, es profundamente irracional (realmente no tiene pruebas ni indicios de la inocencia de su amigo) y emocional (por su amistad con Matt deja de lado la profesionalidad). Ahora bien, esta primera irracionalidad es posteriormente sustituida por otra (el miedo obsesivo, después del ataque de la enfermera Lois), que acabará rozando el límite de la paranoia (Joe Robertson incluso llega a recomendarle un psiquiatra). No obstante, finalmente será la fe en el amigo la que prevalecerá, pese a que, por ello, Ben Urich vivirá los peores episodios de su odisea (intentan asesinar a su mujer y a él mismo, acaba matando a un hombre a golpes forzado por la tensión...); esta fuerza renovada para luchar por el amigo será su "resurrección" particular.

Por último, sólo resta hablar de la evolución psicológica del que es, en apariencia, el persoaje más frío e imperturbable de la historia: Wilson Fisk, alias Kingpin. La obsesión de Kingpin es la venganza más meticulosa, la perfecta destrucción de Matt Murdock. Al principio, el plan para acabar con Matt Murdock está perfectamente trabado, sin detalle descuidado alguno. No se conforma con asesinarlo simple y llanamente, sino que quiere sentir placer con su muerte. Por ello irá sumiendo a Murdock en la ruina, cada vez más profunda, hasta culminar con su demencia. Cuando sea apenas una sombra de hombre, Kingpin lo matará.

Pero Matt no sólo sobrevive a los complejos planes de Kingpin, sino que además "resucita" como un hombre nuevo. Cuando Kingpin descubre que "no hay cadáver", lo descuida todo y se desespera. Así empieza la auténtica obsesión patológica por la destrucción de Matt Murdock: lo que era un pequeño juego de venganza se convierte en un problema de primer orden. Por ello, comienza a recurrir a medidas desesperadas, no tan planeadas y meticulosas como su plan inicial: contacta con Nuke, disfraza a un psicópata de Daredevil... Estas medidas desesperadas, sin embargo, serán la semilla de su peor derrota: no sólo Matt sobrevive de nuevo, sino que la brutalidad de los ataques de Nuke y del psicópata siembran las calles neoyorkinas de pruebas y de testigos contra Kingpin. Finalmente, Kingpin se consume en el odio hacia Matt Murdock, un odio profundo y resignado (como puede comprobarse en la intensísima escena donde, al final de la historia, Kingpin se machaca en el gimnasio mientras su mente se dedica a odiar intensamente a Matt Murdock).

En definitiva, la gran epopeya que en Born again se nos narra es toda una exploración de la psicología humana y sus múltiples debilidades. Todos estos personajes acaban transformados por el trauma psicológico que ha supuesto su gran aventura; estos traumas psicológicos son, de hecho, el motor del argumento. Así, Miller nos ofrece todo un catálogo de obsesiones, paranoias y manías persecutorias para demostrarnos que la psicología del ser humano es un fragilísimo universo, y que el mayor enemigo que cada uno de nosotros debe derrotar se encuentra dentro de nosotros mismos, en nuestra mente. Casi nada.

4.- El aspecto de crítica de la sociedad y la política: la maltrecha democracia.

Hemos visto un resumen de lo que Miller y Mazzucchelli nos quieren expresar en Born again sobre la religión y sobre la psicología humana, que creo que son los dos temas principales de la obra. Sin embargo, en Born again también podemos localizar múltiples detalles en los que Miller y Mazzucchelli hacen una crítica de la sociedad y la política de los Estados Unidos (aunque en menor abundancia que en otras obras millerianas como el Dark Knight...). Los males que aquejan la sociedad y la democracia yanquis se encarnan en Kingpin y Nuke: en sus personas quedan concentrados lo peor de Norteamérica, el lado oscuro del sueño americano, de su sociedad y de su sistema político. Según mi parecer, esta crítica política y social en Born again gira sobre dos ejes: en el primero, Miller y Mazzucchelli se cuestionan la justicia del sistema (es decir, denuncian una paradójica justicia injusta); en el segundo, los autores critican el imperialismo que caracteriza la política exterior yanqui, el ultranacionalismo con que las altas esferas de poder pretenden engañar al pueblo y la demagogia de dichas esferas de poder.

Sobre el tema de la justicia injusta, la crítica de Miller y Mazzucchelli tiene como núcleo el juicio (injusto) en el que condenan a Matt Murdock por varios delitos que no existieron (entre ellos los de soborno y perjurio). Kingpin consigue esta condena comprando el falso testimonio de Nicholas Manolis, un policía que cayó en la tentación con el fin de pagar la carísima terapia para curar a su hijo, que estaba enfermo del corazón. Kingpin utilizó el instrumento de administrar justicia (los tribunales) para sus propios fines, totalmente ilegítimos. Y, pese a los brillantes esfuerzos de Foggy Nelson, éste no consiguió la declaración de inocencia para Matt.

Con esta situación, Miller y Mazzucchelli vienen a denunciar una de las mayores críticas que la sociedad suele formular al respecto de los procedimientos judiciales según como entedemos éstos hoy día: me refiero a la desconexión entre realidad procesal y realidad extraprocesal. Me explico: la realidad procesal es la que las partes en conflicto ponen delante del juez, junto con las pruebas que lo demuestran. Si el juez considera probados tales hechos, ésa será la verdad oficial. Pero esta verdad no tiene por qué coincidir con la auténtica realidad (la realidad extraprocesal): ésta puede, por ejemplo, ser indemostrable (a causa de la dificultad de la actividad probatoria, o simplemente a causa de la impericia del abogado), o bien ser falseada ante un juez (presentando ante él convincentes pruebas falsas). Esto es lo que sucede en el juicio injusto de Manolis vs. Murdock: el juez considera que el testimonio y las pruebas del primero (que en realidad son falsos) demuestran la culpabilidad del segundo (y desvirtúan su presunción de inocencia, que revela así su fragilidad). Así pues, Miller se pregunta hasta qué punto puede confiarse en una justicia tan manipulable, tan alejada de la realidad, por muy buenas intenciones que se posean, si cualquier hombre astuto y poderoso (poderoso para disponer de un equipo de abogados imbatible que falsee la realidad de manera mínimamente convincente) puede conseguir sentencias injustas a su favor.

Y aquí continúa la crítica de la justicia injusta: con una reflexión sobre la omnipotencia del dinero en la sociedad yanqui. El dinero (para pagar la terapia del hijo de Manolis) ha sido la única llave capaz de corromper a un policía incorruptible (aunque la historia de Manolis nos deja con una amarga ironía: pese al dinero el niño muere finalmente; así, Miller y Mazzucchelli nos vienen a decir que la omnipotencia del dinero es sólo aparente, porque hay cosas que no puede comprar, como la vida de un niño). El dinero puede corromper desde un policía hasta un general; el dinero abre todas las puertas y mueve la sociedad, y quien lo posee posee también el mundo. Como Kingpin. Y es precisamente aquello que no puede conseguir con dinero lo que escapa a su control (como Matt y Ben).

Sin embargo, es posible encontrar en Born again indicios de que Miller, pese a todo, no pierde la fe. Así, cuando el ataque de Nuke destroza un restaurante, Matt recomienda a sus dueños que denuncien a la compañía de seguros que pretende estafarlos; Ben Urich y J. Jonah Jameson están dispuestos a utilizar el poder de la prensa para acabar con los excesos de gente como Kingpin; al final de la historia, llueven las acusaciones contra Kingpin que, aunque salga absuelto (dada la desconexión entre realidad procesal y extraprocesal de que hablaba más arriba), habrá perdido la confianza de la sociedad y de la élite del poder; o el mero hecho de que Matt Murdock y Foggy Nelson son dos abogados honrados que creen en el derecho. Pese a los múltiples defectos del sistema, aún hay esperanza.

La otra gran crítica de Miller y Mazzucchelli a la política y la sociedad norteamericanas se dirige a los imperialismos, los ultranacionalismos y las demagogias que pueblan la actividad y el discurso políticos de las esferas de poder norteamericanas.

Respecto a la crítica del imperialismo, sólo diré que no creo que sea casual el hecho de que los autores sitúen a Nuke, antes de que Kingpin contactara con él, en Nicaragua, en una misión secreta (de dudosa compatibilidad con el derecho internacional) encaminada a debilitar y derrocar el régimen sandinista. Creo que no es necesario comentar nada más al respecto: ya la prensa se hace eco (aunque quizás insuficientemente) de los excesos de la política exterior norteamericana, tanto en el caso concreto de la Nicaragua comunista como en tantas otras situaciones (enumerarlas sería inútil e innecesariamente exhaustivo).

En lo que hace a la demagogia, me gustaría que el lector recordara la (sublime) escena en que Kingpin, en un despacho ostentosamente ornamentado con banderas, escudos, uniformes militares y otros símbolos patrioteros, le suelta a Nuke un discurso preñado de vacuos y exagerados patriotismos para convencerle de la necesidad de eliminar a Matt Murdock y para convencerle, de paso, de lo antiamericana que es la prensa. Manipula la sensibilidad, ya alterada, de Nuke, mediante un discurso lleno de falacias; de esta manera, apelando a sentimientos nacionales y declarando que actúa desinteresadamente por el bien de la patria, Kingpin consigue la obediencia ciega de Nuke. Es del todo innecesario añadir que el bien que Kingpin busca no es el de la patria, sino el propio. Creo que con esta escena Miller y Mazzucchelli nos obsequian con una metáfora de las relaciones entre el poder y la ciudadanía: el poder ofrece emotivos discursos demagógicos al pueblo que, ofuscado y engañado por las falacias del poder sobre el bien de la patria, soporta con una sonrisa en los labios los excesos y las injusticias del poder e incluso le ofrece su colaboración.

Por último, los autores critican también el ultranacionalismo creciente que invade la sociedad americana. Lo hacen mediante una caricatura del individuo ultranacionalista, una caricatura que es, evidentemente, el personaje de Nuke. Éste es un varón ario de personalidad desequilibrada (es un psicópata), obsesionado con nuestros muchachos y con todo lo que tenga que ver con los USA, fascista, ignorante (sólo alguien cómo él diría amén a las cuatro palabras patrióticas de Kingpin), militarista, con la bandera tatuada en la cara, que entiende la defensa de la patria como la búsqueda de un enemigo (ya sea el enemigo rojo, como la Nicaragua sandinista, o el enemigo de la prensa que cuestiona las decisiones y actitudes del poder) al cual hay que bombardear con todo el poderío militar de la nación.

Ahora bien, en este caso, igual que antes, Miller y Mazzucchelli siguen sin perder la fe. Nos lo dicen a través del personaje del Capitán América, que sale al final de la historia. Este personaje representa el sano patriotismo, la esencia del auténtico sueño americano; por ello se enfrenta a Nuke, en una batalla donde combaten el patriotismo correcto con su perversión. En definitiva, Miller y Mazzucchelli nos presentan al Capitán América como un patriota cuyos sentimientos nacionales le empujan precisamente a criticar los defectos de su país y de sus instituciones, sin rendir ciega pleitesía a sus autoridades (más bien, les echa en cara sus errores y abusos). Si existe gente como Nuke, también existe gente como el Capitán América, que son la esperanza del país.

5.- Breve conclusión.

Quizás de manera algo apresurada por razones algo metafísicas (esto es, limitaciones de tiempo y de espacio), el que esto escribe ha procurado realizar un comentario de este cómic, una de las mayores obras maestras que ha producido el cómic norteamericano. Espero haber iluminado al paciente lector sobre estos aspectos de Born again de los que, según creo, depende la correcta interpretación de esta obra. Seguramente me habré dejado muchas cosas en el tintero, y seguramente habré olvidado otros aspectos que, junto con el religioso, el psicológico y el de crítica socio-política, son igualmente importantes. En cualquier caso, si merecen comentario éste se realizará en otro momento. Gracias por tu paciencia.

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Notas

1. Antes de esta edición en libro (en la colección Obras Maestras), Planeta-De Agostini ya editó Born again en la colección de Spiderman, como complemento a las aventuras del arácnido (números 112 a 131 de la colección española de Spiderman, en el año 1987). Aunque esta primera edición fue horrorosa y demencial, dado que se publicaban ocho páginas de Born again en cada número de Spiderman, lo cual implicaba dividir los compactos capítulos de 24 páginas de la saga de Daredevil en "mini-capítulos" de ocho páginas que se ofrecían quincenalmente; aquello fue poco menos que una mutilación. Menos mal que Planeta editó Born again en libro cuatro años después, con lo cual se redimió de tan imperdonable crimen.